La Nación S.A.
Capítulo I – El País-empresa
Guinea S.A. no era un país. Era una marca registrada. Un producto perfectamente empaquetado para vender petróleo, madera, y silencio. En el mapa seguía apareciendo con su viejo nombre: Guinea Ecuatorial. Pero todos sabían que aquello ya no era una república. Era una empresa familiar. Mejor dicho, de dos familias.
Los Obó y los Nsang. Dueños de todo. Dueños del aire, del mar, de los fusiles, de las leyes. Dueños incluso del tiempo: el pasado, el presente y el futuro del país les pertenecían por contrato, firmado con sangre y sellado con miedo. Si nacías en Guinea S.A., nacías endeudado con ellos.
Las escuelas enseñaban su historia, los periódicos hablaban solo de sus logros. Las iglesias oraban por su salud. Las estatuas en las plazas los mostraban como dioses. En los barrios, sus nombres eran susurros sagrados o blasfemias peligrosas, dependiendo de quién escuchara.
Nuestros abuelos fueron los últimos en tener esperanza. “Ese tal Teodoro traerá la libertad”, decían, cuando todavía se podía soñar. Vieron caer al dictador anterior y pensaron que el siguiente sería diferente. No sabían que el siguiente sería peor, porque llegaría disfrazado de salvador.
Nuestros padres aprendieron pronto que aquí no se gana. Vieron cómo el partido de Severo Moto fue aplastado antes de levantar vuelo. Vieron cómo la represión cambiaba de uniforme, pero no de método. Así que se callaron. Algunos se vendieron. Otros huyeron. Y los que se quedaron, aprendieron a sobrevivir entre la resignación y la hipocresía.
Y nosotros, la juventud, ¿qué somos?
Somos los formados, los titulados, los doctorados, los políglotas que vuelven a casa para servir café en oficinas donde los puestos ya tienen apellidos escritos. Somos los que bailamos en TikTok mientras se muere la dignidad en nuestras calles. Nos dieron Internet y lo usamos para reírnos, no para rebelarnos. Nos compran con migajas, y les damos las gracias.
Sabemos la verdad, pero fingimos que no la vemos.
Guinea S.A. funciona como cualquier empresa bien dirigida: control total, obediencia interna, represión externa. Si hablas de más, te despiden de la vida. Si te organizas, te desaparecen. Si protestas, te entierran en silencio.
Y sin embargo, algo se mueve. Algo pequeño. Una chispa.
Porque aunque todos veneren a las familias, no todos las aman
Comentarios
Publicar un comentario